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Jóvenes del noroeste cordobés se encontraron para hablar de miedos, memoria y futuro en Villa de Soto

El pasado 2 de abril, más de 50 adolescentes y jóvenes de localidades como Tuclame, San Marcos Sierras, Cruz del Eje, Paso Viejo y Charbonier se reunieron en el balneario La Toma de Villa de Soto para participar del primer Consejo Regional de Participación Juvenil 2025. Organizado por la Red de Participación Juvenil del Noroeste Cordobés —con el apoyo de organizaciones sociales, comunas y la defensoría de niñez provincial—, el encuentro combinó debates sobre problemáticas actuales, reflexiones históricas y propuestas para fortalecer la organización colectiva.

Bajo la consigna «¿Qué nos da miedo?», los participantes trabajaron en grupos para compartir sus inquietudes. Las respuestas, tan diversas como sinceras, reflejaron preocupaciones personales y sociales: «Miedo a salir a la calle siendo mujer», «a normalizar la violencia», «a ser una generación sin futuro», o incluso «a no tener comida en la heladera». Como destacó un joven Paso Viejo: «El miedo de uno es el de muchos. Hay que pensarlo juntos». La actividad evidenció cómo las inseguridades individuales se entrelazan con contextos de desigualdad, pero también cómo el diálogo colectivo las transforma en motivos para organizarse.

La plenaria incluyó testimonios potentes sobre la importancia de la memoria histórica. Guillermina Llorens, referente de San Marcos e hija de familiares de desaparecidos, emocionó al auditorio: «El miedo más grande es que nos olvidemos. Lo que hoy están perdiendo son derechos que se conquistaron con lucha comunitaria». Milo, una joven militante de Cruz del Eje, añadió: «Aunque no nos haya pasado directamente, lo que sufrió nuestro vecino nos importa. Salgamos de la burbuja de la individualidad». Sus palabras resonaron en un espacio donde muchos descubrieron, como Milo, la historia a través de libros censurados como el relato infantil “Un elefante ocupa mucho espacio” o relatos familiares.

El encuentro también fue escenario para que colectivos como el Movimiento Campesino de Córdoba y La Creciente de San Marcos compartieran sus experiencias. Ceci, del Movimiento Campesino, habló sobre la migración juvenil forzada: «Los jóvenes se van y no vuelven. Perdemos manos para trabajar la tierra». Enzo, de La Creciente, enfatizó el rol de las alianzas: «Nadie se salva solo. Construimos con amor y diálogo entre generaciones». Ambas intervenciones subrayaron la necesidad de políticas que arraiguen a los jóvenes en sus territorios.

El cierre dejó propuestas concretas: desde abordar el impacto de las redes sociales —como pidió Juani de Charbonier— hasta organizar el próximo consejo en Capilla del Monte o Las Termas de Quicho. La jornada, además de reafirmar el derecho «a pasarla bien», dejó en claro que los jóvenes del noroeste cordobés no solo identifican los miedos, sino que los enfrentan con organización y memoria. Como resumió Felipe: «Hablemos de entornos digitales, pero sin perder el contacto físico. Aquí está la fuerza».

Con merienda, juegos y abrazos, el encuentro en La Toma demostró que, pese a los contextos adversos, la participación juvenil sigue viva y se fortalece en cada debate compartido.

«El futuro es un derecho colectivo que debemos construir hoy»

Entrevistado en Una Radio Muchas Voces, Felipe Rojas, estudiante de Derecho y militante de derechos humanos, dejó una reflexión poderosa tras su participación en el Consejo Regional de Participación Juvenil: «Cuando los jóvenes hablan de sus miedos, en realidad están nombrando injusticias. Detrás de cada necesidad hay un derecho que debemos garantizar». Su intervención destacó cómo el acceso a la educación, la salud mental y la recreación son batallas urgentes para una generación que enfrenta desigualdades estructurales.

Conmovido por el encuentro en Villa de Soto, Felipe subrayó la importancia de los espacios de diálogo entre jóvenes. «Ayer no solo compartimos miedos, sino que evidenciamos que el hambre, la ansiedad o el temor a no tener futuro son problemas colectivos. No son casos aislados; son derechos vulnerados que exigen acción política», afirmó. Para él, la participación es la herramienta clave para transformar esas realidades, especialmente en un contexto donde «el individualismo y la desinformación buscan debilitar nuestros consensos democráticos».

El militante cordobés también resaltó el valor de la organización intergeneracional. «La democracia no es un molde fijo, es un horizonte que se construye día a día. Los jóvenes tenemos la urgencia de definir nuestro proyecto generacional: uno que priorice la solidaridad, la memoria y un Estado presente». Criticó la idea de esperar soluciones desde arriba y llamó a «llenar las calles, las plazas y las redes de discusión» para exigir cambios concretos.

Un momento clave de la jornada fue cuando se reivindicó «el derecho a pasarla bien». Felipe lo explicó así: «Lo vital no es solo sobrevivir, sino poder jugar, crear y habitar espacios libres. La recreación también es resistencia». Este enfoque, según él, humaniza las luchas y recuerda que «un futuro digno se construye con alegría, no solo con protesta».

Para cerrar, Felipe dejó un mensaje claro: «Estamos en un punto de inflexión. O nos unimos para defender lo conquistado y ampliar derechos, o permitimos que el miedo nos fragilice. La esperanza está en lo que hicimos ayer: encontrarnos, escucharnos y organizarnos». Su convicción es que las juventudes, al nombrar sus miedos, ya están trazando el camino hacia una democracia más justa.

El informe completo en CDM Noticias Radio y la entrevista con Felipe Rojas escuchala acá:

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