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El gobierno impulsa una reforma laboral inspirada en el modelo de Temer en Brasil

Dialogamos con el abogado laboralista Eugenio Biafore sobre la intención del gobierno Nacional de modificar la ley de contrato de trabajo en Argentina.

La iniciativa, que promueve la flexibilización de los convenios y los salarios por productividad, busca modificar la legislación vigente considerada «anacrónica» por el oficialismo. Eugenio Biafore, advierte que podría profundizar la precarización.

Eugenio Biafore, abogado laboralista, afirmó que el proyecto de reforma laboral “está bajo cuatro llaves” y que “no nace de una usina argentina, nace del exterior”. Señaló que las formulaciones actuales son “refritos de los deseos de las cámaras empresariales”. Sostuvo que el concepto de modernización implica en realidad una igualación por la base, ya que “tenemos derechos a los no formales respecto a los formales. Dicho de otra manera, igualemos por abajo”. Para Biafore, el objetivo final es “informalizar la total de la economía” donde “ninguna regla del trabajo, todas las reglas renunciables, todas las reglas van a ser posibles de negociar con el empleado”.

El especialista identificó los lineamientos fundantes de la reforma en declaraciones del secretario de Trabajo, Omar Cordero. “Basta del convenio de actividad, vamos al convenio de empresa”, resumió, lo que permitiría reemplazar la negociación colectiva por sector por acuerdos dentro de cada compañía. Asimismo, mencionó la idea de “salarios dinámicos” que aumenten solo por productividad y no por indexación, lo que “erradica la ilusión de que el trabajo puede sacarle algunos puntos de renta al capital”. Biafore trazó un paralelo con la reforma laboral brasilera de la era Temer, impulsada por el FMI, y afirmó que “son las mismas líneas fundantes”.

Biafore detalló otros aspectos que considera centrales en esta modernización, como la “renunciabilidad de los derechos adquiridos”, lo que “rompe el principio fundante del derecho al trabajo”. También se refirió a la posibilidad de que “vacaciones que se pueden dividir y fraccionar en todo el año” y a la implementación de “bancos de jornada de trabajo extensible, hasta 12 horas”. Argumentó que estas extensas jornadas se aplicarían principalmente en el sector servicios, donde “la productividad nace (…) de un mayor sacrificio de horas”, en contraste con los trabajos industriales donde la productividad depende de la inversión en capital tecnológico.

Para Biafore, existe una “derrota ideológica” cuando “los propios trabajadores se sientan enemigos de los trabajadores formales” y creen que “la solución es que el trabajador formal tenga menos derechos”. Criticó el razonamiento de “probemos” ante una situación ya deteriorada, calificándolo de “un suicidio como esperanza”. Frente a la idealización de grandes empresarios tecnológicos, el laboralista cuestionó la noción de que sean “tipos elegidos” y reafirmó la vigencia de valores como “la solidaridad, la mirada con el otro, el abrazo a la construcción común” como fundamento de la comunidad y el trabajo protegido.

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