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Sonidos del Monte: una reserva de conservación y reconexión en las sierras del norte cordobés

A siete kilómetros de Villa Tulumba, un espacio de conservación, invita a habitar el monte nativo con conciencia, prácticas sustentables y bienestar para la salud. Analía Belaus, encargada de las visitas, nos cuenta en esta nota en qué consiste esta reserva de 40 hectáreas ubicada en el norte de la provincia de Córdoba.

La Reserva Natural Sonidos del Monte se creó en el año 2024, y desde ese año, Analía Belaus decidió irse a vivir allí. Un paisaje ondulado, un calor seco, una serranía donde perviven los pliegues antiguos de las rocas, es parte de la fisonomía del monte chaqueño en esta región del norte cordobés. Ubicado a tan solo 7 kilómetros de Villa Tulumba, ese poblado histórico por donde atravesaba el antiguo Camino Real, se encuentra este espacio de 40 hectáreas de monte nativo protegido que funciona como un área de conservación voluntaria.

Analía Belaus, es la encargada de las visitas guiadas y guardiana del predio. Nacida en la ciudad de Córdoba, creció en Buenos Aires y estudió la Licenciatura en Aprovechamiento de Recursos Naturales Renovables, en Santa Rosa, La Pampa. Antes de radicarse en la reserva de Tulumba, trabajó en Salta, Mendoza, Santiago del Estero y Claromecó.

Cuando piensa en esta reserva, la define como «una invitación a ser y estar, con presencia y conciencia, con respeto y cuidado, con atención en cada paso para sorprendernos y reconocernos en la naturaleza».

Recorrer sin prisa, detenerse: un camino que se abre para ser observado en cada una de sus capas, en las formas que toma el tronco de un árbol, en el ruido de las pisadas que crujen sobre el suelo seco; en ese aroma que se potencia en primavera, cuando las flores destilan el perfume que tomará al aire hasta el otoño. La reserva invita a “cerrar los ojos, escuchar, acariciar y ser acariciados”, dice Analía y advierte que también el monte tiene sus defensas, como las espinas de un garabato, “que así nos deja la piel si vamos con apuro, con fuerza y sin cuidado”.

Un territorio con historia y vida silvestre

La región de Tulumba se destaca no solo por su riqueza cultural e histórica, sino por albergar biomas clave para la biodiversidad de la provincia. En un contexto de retracción del bosque nativo, iniciativas privadas y comunitarias como Sonidos del Monte se transforman en refugios fundamentales y corredores biológicos.

«Sonidos del monte es una pequeña representación de un hito histórico, de tantos hitos históricos aquí en la zona, en estas sierras, con sus particularidades, sus ondulaciones, sus rocas y sus seres que lo van construyendo, diseñando y transformando», reflexiona Analía.

«Es un área natural que decidimos guardianar, estar presentes, conociendo y disfrutando a todos los seres que la habitan. Es un espacio de paso para especies de fauna como corzuelas o sacha cabras, el yaguarundí -un gato montés muy llamativo y precioso-, otros gatos monteses y felinos más grandes como el puma. Que el puma esté presente nos indica que el monte está saludable«, señala la guía, destacando que «cada ser, grande o pequeño, aporta lo suyo».

El nombre del espacio alude precisamente a la acústica y vitalidad del entorno: no se trata de silencio, sino de una calma cargada de vida. «Nos enamoramos, no del silencio, sino de una paz, de los movimientos que genera el viento, los insectos y los ‘cascabeles’, que en realidad son frutitos de plantas como la flor de patito o el peine de mono. Aquí conviven enredaderas con árboles, claveles del aire, líquenes y hongos en el piso. Es un encuentro donde cada uno tiene su función, la conozcamos o no», detalla.

Más allá de la preservación estricta, la propuesta de la reserva aborda la integración armónica del ser humano con el ecosistema a través del cambio de hábitos cotidianos y la soberanía alimentaria.

Analía explica que la meta es «conocer cómo convivir produciendo, pero de una manera muy respetuosa y con cambios de hábitos especialmente en el consumo». Entre las prácticas cotidianas aplicadas en el lugar se destacan:

Agroecología integrada: «Ver cómo plantar entre medio del monte, en algunos espacios, frutales que nos puedan alimentar y huertas».

Gestión del agua: «Reutilizar el agua que ocupamos en la casa para que vuelva a tener vitalidad y sea saludable».

Saneamiento y compostaje: «Realizar el compostaje de cada alimento y de nuestro baño seco».

«Son muchas interacciones desde un vivir habitando con mucha conciencia. Investigar para conocer, sentir para comprender, curiosear para renovar el espíritu infantil, ingenuo y pleno de aprendizaje», sintetiza Analía sobre el lugar.

Senderos que sanan: el valor terapéutico de la naturaleza

Uno de los hallazgos más significativos en la interacción con las personas que llegan hasta la reserva, ha sido el impacto del entorno en la salud mental y emocional.

«Por comentarios y conversaciones con personas que nos han visitado, nos damos cuenta de la importancia de estos espacios en la salud mental y psíquica, como espacios terapéuticos».

Esta devolución orienta la proyección del diseño de la reserva: «Nos enfoca a pensar en senderos cada vez más accesibles en cuanto a seguridad y tranquilidad, que nos inviten a trabajar nuestros temores y a confiar».

La propuesta de caminata plantea un recorrido físico y vivencial: «Hay senderos de un ancho que nos dan una seguridad inicial, hasta que podemos finalizar con otros que son apenas de nuestro tamaño, de unos 50 centímetros de ancho, para caminar con mucha atención pero sin temores, con mucho respeto».

Frente al ritmo y las exigencias urbanas, el monte se presenta como un espacio para soltar temores. «Buscamos quitar esa sensación que tanto nos mencionan de que estamos en alerta permanente, de que vamos a ser agredidos o de que tenemos que tener cuidado. Es una tarea a seguir trabajando», concluye Analía Belaus, reafirmando que el objetivo final es «sentirnos nuevamente parte, ya que nos hemos alejado mucho como humanidad, recordando que toda nuestra historia cultural ha sido gracias a la naturaleza».

*Fotos gentileza: Analía Belaus y Paula Taraborelli

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