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“Decirle a un pibe que lo que hace en la escuela tendrá sentido cuando egrese es someterlo a un paréntesis muy largo”

Javier Lamónica, especialista en gestión educativa, analiza los resultados de las pruebas PISA y sostiene que la escuela debe pensarse en tiempo presente, no en función de un futuro incierto

Los resultados de las pruebas PISA volvieron a encender las alarmas sobre la educación argentina. El 75% de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel mínimo en matemática, mientras que en lectura y ciencias la proporción llega al 59%. En ese marco, el especialista en gestión educativa Javier Lamónica, director de una escuela de gestión cooperativa en la Ciudad de Buenos Aires y del portal deceducando.org, propone mirar más allá de los titulares y detenerse en los cuestionarios contextuales que acompañan estas evaluaciones, donde aparecen datos sobre la convivencia en el aula y la atención de los estudiantes.

“Independientemente de la relevancia de los datos en relación al resultado de las pruebas, es una buena oportunidad para señalar que estamos en un contexto muy particular de financiamiento educativo”, sostiene Lamónica, que también dirige el podcast Hora Libre. El especialista advierte que difícilmente se pueda esperar un buen sistema educativo si no se le presta la atención suficiente. “Me parece que es un primer condimento para analizar, no poner el ojo en la escuela, sino poner el ojo en quienes tienen que ser los garantes de que la escuela funcione bajo determinadas formas”, agrega.

Consultado sobre la utilidad de las evaluaciones internacionales, Lamónica aclara que desde las escuelas no se presta demasiada atención a las pruebas PISA y que el interés está puesto en las pruebas de aplicación nacional y jurisdiccional, como APRENDER, TESBA y FEPBA. “Son interesantes en tanto y en cuanto te permiten conocer y comparar algunas variables”, señala. Sin embargo, destaca que los cuestionarios contextuales que acompañan estas evaluaciones incorporan variables socioeconómicas, socioambientales y de funcionamiento escolar, entre ellas la convivencia, que permiten pensar qué pasa al interior de Argentina.

El especialista introduce una distinción clave en torno a la convivencia escolar. “Normalmente, cuando se hablaba de convivencia escolar se pensaba en el vínculo entre pares”, explica, y señala que sus primeros estudios de maestría trabajaron esa dimensión para tratar de pensar si las relaciones entre pares explican el rendimiento. Pero advierte que hay otra dimensión, el clima en el que se llevan adelante las clases, que sí tiene relación directa con la incorporación de dispositivos móviles. “Las puertas de las escuelas se han vuelto porosas”, afirma, y agrega que muchas de las problemáticas que antes quedaban afuera hoy ingresan al aula.

En ese sentido, Lamónica describe una transformación profunda: “Lo que está pasando hoy de manera inédita es que hay una disputa por la atención de los jóvenes, donde hay una maquinaria y una arquitectura dispuesta para captar la atención de ellos”. El docente explica que la escuela tiene un desafío complicado porque todo lo que ocurre en espacios tecnológicos satura la capacidad de atención de los estudiantes. “Hoy competimos contra las redes sociales, contra los servicios de mensajería, contra los juegos en línea, contra un montón de afueras que antes no estaban integrados dentro de la escuela”, detalla.

Frente a las críticas que señalan que la escuela secundaria propone dinámicas ajenas a la realidad de los jóvenes, Lamónica responde que la escuela siempre fue contracultural. “La escuela es un ancla, te tiene que anclar a ciertas formas y a ciertos modos de entender el mundo”, plantea. Rechaza tanto la idea de que la escuela cambió demasiado y perdió su valor central, como la de que debe ir todo el tiempo detrás de los cambios. “La escuela no puede seguir las lógicas del algoritmo ni estar todo el tiempo cambiando en función de necesidades externas”, sostiene, y recupera el sentido etimológico de la palabra escuela, del término scola, que significa tiempo libre. “La escuela no tiene que rendir todo el tiempo prueba de que es productiva”, afirma.

Respecto de los saberes que deberían estar presentes, Lamónica propone una escuela en tiempo presente antes que una obsesionada por el futuro laboral. “Decirle a un pibe que está entrando a la escuela que lo que están haciendo va a tener sentido cuando egrese es someterlo a un paréntesis muy largo”, advierte. En esa línea, distingue entre goce y deseo: “El goce es algo inmediato, el deseo supone cierta suspensión”. Para el especialista, cualquier propuesta educativa debe ser válida hoy, lo que no significa ignorar el futuro, sino no estar todo el tiempo tomados por sus exigencias.

Finalmente, Lamónica reivindica el rol de la escuela pública como espacio de democratización y encuentro en la diversidad. “En muchos lugares de nuestro país la escuela sigue organizando la vida social, sigue siendo el centro neurálgico de la sociedad”, afirma, y destaca que en numerosos pueblos y ciudades es la única presencia del Estado. “A veces la escuela es la única que da un lugar, la única que aloja, la única que da palabras, que permite un reconocimiento”, concluye.

Escuchá la entrevista completa acá:

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