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El anuncio de OpenAI en la Patagonia: expectativa inflada y letra chica

La columnista de tecnología Ana Almada analizó con rigor el reciente anuncio de OpenAI sobre una posible instalación de data centers en la Patagonia, desmontando la narrativa predominante y advirtiendo sobre sus implicancias. «Para sorpresa o no, de nadie, estamos a la vanguardia, vamos marcando agenda. ¿Nos estarán escuchando?», comenzó interrogándose, para luego develar que detrás del titular sensacionalista hay, en el mejor de los casos, un proyecto en estado embrionario y, en el peor, una operación de marketing que beneficia a las partes en detrimento de la soberanía nacional. Almada fue categórica al describir el video de Sam Altman, CEO de OpenAI, que desencadenó la ola de especulaciones: «Era bastante muy por debajo de las expectativas que yo tengo de una persona con la responsabilidad de Sam Altman, leído en una calidad bastante baja».

La base concreta de todo el revuelo es, según la columnista, extremadamente débil. «Lo que existe es una carta de intención entre las empresas OpenAI y Sur Energy para la construcción de data centers en la Patagonia». Almada enfatizó la naturaleza preliminar de este documento: «Decir que existe una carta de intención, como el nombre le indica, es decir ‘tenemos la idea de hacer esto’, pero no hay ni plazos ni un lineamiento técnico específico. No hay nada, todo lo demás es pura especulación». Uno de los mitos más extendidos que se desmorona ante este análisis es la supuesta inversión millonaria de la empresa desarrolladora de ChatGPT. «No es que la empresa OpenAI va a invertir 25.000 millones de dólares; la empresa lo que va a hacer es comprar la capacidad computacional una vez que los centros estén instalados», aclaró, desmontando la idea de una inyección de capital directa.

Almada explicó el funcionamiento de estos centros de datos para contextualizar el debate. «Los data centers son lo que se conocen como grandes usinas de servidores. Son instalaciones gigantescas que lo único que tienen son servidores con distinta capacidad técnica (…) que lo único que necesitan para funcionar es electricidad y un sistema de refrigeración acorde». La Patagonia resulta tentadora por sus bajas temperaturas, pero la columnista introdujo una crucial salvedad: «Hay regiones de la Patagonia donde hay problemas muy grandes con el acceso al agua». Este punto es clave para entender el costo oculto de esta tecnología, ya que «cuando se habla de la cantidad de agua que consume la inteligencia artificial de manera metafórica, nos estamos refiriendo a la cantidad de agua que se requiere para enfriar físicamente a los servidores».

Uno de los argumentos más contundentes de la columnista apunta a desarticular la promesa de desarrollo tecnológico local. «Hay una confusión muy grande: que haya un data center no quiere decir que haya un desarrollo tecnológico asociado de manera lineal. Esto no quiere decir que los científicos argentinos van a formar parte de un proyecto conjunto para el desarrollo de una inteligencia artificial local; no, no quiere decir nada de eso». La conexión entre la instalación de esta infraestructura y el avance científico nacional no es automática, sino que «depende de las políticas del Estado, básicamente, y que sabemos que en la actualidad son inexistentes, totalmente».

La reflexión se tornó hacia los actores detrás del proyecto, especialmente la empresa Sur Energy. «Vamos a hablar de una empresa que básicamente no existe, que no tiene presencia a nivel corporativo, que no tiene antecedentes en desarrollar este tipo de proyectos, que tiene una página web construida como si fuera una pyme». Almada invitó a la audiencia a comprobarlo: «Busquen Sur Energy y no van a encontrar más que las noticias que se asocian una y otra vez: ‘OpenAI y Sur Energy van a poner un data center en la Patagonia’. No hay más información que esa sobre esta empresa».

El análisis socioambiental que propuso Almada es demoledor. Citando experiencias en otros países de la región, afirmó: «Busquen qué pasa con el impacto socioambiental que tienen la instalación de estos data centers monstruosos en los lugares adonde estuvieron». Lejos de generar un beneficio comunitario, «estos data centers dan trabajo al momento de su construcción, pero una vez que están instalados no generan puestos de trabajo calificados para la zona». El impacto sobre los recursos, especialmente el agua, es «gravísimo», un problema que se agrava en el marco del RIGI, ya que «estipula que si ellos se instalan en un lugar y hay escasez de agua, nadie puede decir que necesita agua y que es ilegal lo que están haciendo de usar el agua en la empresa porque el RIGI los ampara».

Para Almada, el anuncio responde a una lógica de expectativas financieras que poco tiene que ver con un desarrollo genuino. «OpenAI es una empresa que se sostiene en base a acciones en la bolsa de Nueva York, y esas acciones tienen un precio que está estipulado solo en expectativas». Este tipo de acuerdos proyectivos «sirve para el gobierno, por decir ‘vieron, yo dije que Argentina se iba a convertir en un hub de inteligencia artificial’ (…) y para la empresa también, es decir, ‘seguimos creciendo, seguimos teniendo proyectos millonarios por delante'». La columnista concluyó con una reflexión final sobre el modelo de desarrollo que este caso representa: «Esta es otra prueba más de que se puede seguir bajo un modelo colonizador, de extractivismo socioambiental y cognitivo».

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