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La humanidad que armamos con el celular: adicta, ansiosa y gobernada por algoritmos

Vivimos en una crisis general de la presencia. La afirmación, contundente, resume el diagnóstico de Agustín Valle sobre nuestra relación con las pantallas. El escritor y pensador argentino, autor del libro Jamás tan cerca: la humanidad que armamos con las pantallas (Editorial Paidós), desgrana con lucidez y humor ácido cómo los dispositivos digitales reconfiguraron lo humano en una transformación radical donde la conexión permanente es el nuevo hábitat y la desconexión, un lujo imposible.

«Durante milenios, la humanidad se construyó desde la oralidad, desde la conversación cara a cara. Luego llegó la imprenta y nos volvió más introspectivos. Pero hoy, ¿qué tipo de seres humanos estamos moldeando al pasar 6, 8, 10 horas diarias mirando pantallas?», cuestiona Valle. Para él, el celular es el artefacto que más rápidamente se expandió en la historia humana, un dispositivo que nos convierte en «bichos conectivos», siempre disponibles, siempre atrapados en lo que llama el «disponibilismo»: la sensación de que debemos estar accesibles las 24 horas.

La sonrisa, ese gesto aparentemente inocente, se ha convertido en un síntoma de esta era. «Antes, en los retratos, la gente aparecía seria. La risa era casi un signo demoníaco. Hoy sonreír es un imperativo, y los propios aparatos nos lo exigen», señala Valle. Esta «impostación de sonrisa» —donde separamos lo que sentimos de lo que mostramos— refleja cómo las redes sociales nos obligan a performar emociones incluso cuando no las experimentamos. «Los dispositivos nos dan órdenes constantemente: este micrófono me dice ‘habla’, el celular me indica ‘desliza’, ‘responde’, ‘reacciona'», ejemplifica.

La colonización del cuerpo por la tecnología llega a extremos absurdos. «Existen aplicaciones que nos recuerdan tomar agua. ¿Cómo llegamos a necesitar que un algoritmo nos diga cuándo hidratarnos?», se pregunta Valle. Su respuesta es contundente: «Occidente lleva siglos subordinando el cuerpo a instancias abstractas. Antes fue Dios o el alma, hoy es el mercado o la productividad. El cuerpo ya no encuentra en sí mismo la autoridad sobre su propia existencia».

Las estadísticas de «tiempo en pantalla» que muestran nuestros dispositivos funcionan como trofeos de sumisión. «¡Mira, nueve horas hoy! Es como si celebraran nuestra dependencia», ironiza Valle. Y alerta sobre la paradoja: «Manejamos autos de dos toneladas mientras miramos el celular, arriesgando la vida por consumir algo casi siempre intrascendente. Es la lógica del ‘siempre falta algo’: el presente nunca basta, hay que perseguir lo próximo».

El espacio que antes era de desconexión —las vacaciones— ya no ofrece refugio. «Descansar hoy significa abandonar el celular —explica Valle—. Pero si lo llevás, tu hábitat mental sigue siendo el mismo: fragmentado, acelerado, ansioso». Esta «crisis de la presencia», como la define, surge de vivir en un tiempo ajeno, dictado por las pantallas, donde el presente se diluye en la urgencia de lo próximo.

En un paralelismo inquietante, Valle vincula religión y tecnología: «El celular es el nuevo rosario: nos agarramos a él para confirmar que existimos. Lo digital hereda la tradición occidental de subordinar lo sensible a lo abstracto». Tanto es así que en un momento pensó titular su libro Religión celular, porque las pantallas, como antaño los dioses, concentran la verdad y el sentido fuera de nosotros mismos.

El fenómeno de las fake news y la polarización encuentra en Valle una mirada original. «Las redes profundizan que no podamos entender cómo alguien cree lo opuesto a nosotros. Pero esto no es nuevo: en la Comuna de París decían que los marxistas comían niños». La diferencia, señala, es que hoy «las creencias no requieren doctrina, solo inmediatez. Todo debe decodificarse al instante, sin matices».

Al analizar el panorama político actual, Valle describe ciertos liderazgos como «glitches» en el sistema. «Cuando aparece un candidato que rompe el guión —como no sonreír—, su fuerza viene de leer el hastío y ofrecer algo improbable… aunque sea para reforzar el statu quo». Un movimiento contradictorio: romper formas para conservar estructuras.

¿Hay salida en este panorama? Valle rescata ejemplos de resistencia multitudinaria. «Cuando en 2017 la gente frenó el 2×1 a genocidas, o cuando el pañuelo verde se volvió una ‘bandera celular’, mostraron que otra digitalidad es posible». Su conclusión, tomada de César Vallejo e interpretada para estos tiempos, resulta iluminadora: «Jamás tan cerca arremetió lo lejos. Las pantallas nos acercan al mundo, pero paradójicamente nos alejan de nosotros mismos».

Las declaraciones del autor están tomadas de la entrevista en Industria Nacional, realizada por Pedro Rosemblat. Se puede leer un fragmento del libro aquí:

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